Viajando a través de Beethoven, las sinfonías de la cuarta a la sexta

A través de su atormentada vida, Beethoven nos regala 9 sinfonías. En el artículo anterior vimos las tres primeras. Entre esas tres, la tercera se alza como un gigante en la vida del compositor; la primera obra de estilo propio, sin ataduras a la tradición clásica. Sobre la tercera o la Eroica quizás muchos piensen que es la más grande de las nueve, se dice que el propio Beethoven lo expresaba también.

Ahora entraremos a la cuarta, quinta y sexta sinfonías, las demás y otras obras estarán en nuestras siguientes entregas.

Si quisiéramos creer en la teoría que afirma que las sinfonías de Beethoven que llevan los números pares representan el lado gentil, lírico y tranquilo del compositor, ninguna obra mejor para comprobarlo que la cuarta sinfonía. Esta al situarse entre dos volcanes musicales la Eroica y la Quinta, parece ser un punto de equilibrio, un respiro, una tregua en el tormentoso desarrollo del pensamiento sinfónico de Beethoven, . Sin embargo, esta plácida sinfonía, tiene algo especial, fue creada por el compositor en un ambiente personal y social de severos cambios y transformaciones, entre los años 1805 y 1806.

La música de Beethoven tiene una poderosa capacidad para sorprendernos y, en ocasiones, la sorpresa crece a medida que pasa el tiempo y escuchamos una y otra vez alguna de sus obras.

La cuarta se inicia con un primer movimiento lento y sombrío, uno de los pasajes más mágicos y misteriosos de la obra, el segundo movimiento es un movimiento lento de profunda belleza, ya en el tercer movimiento, que titula allegro vivace, y con ello cambia los nombres habituales de este movimiento en otras sinfonías indicando que es rápido y alegre. El cuarto movimiento lleno de alegría es otra maravilla, rápido, con buen humor y mucha energía. La obra que se estrena en 1807, sin embargo, pese a su belleza es de las sinfonías de Beethoven menos escuchadas y de mis preferidas.

La quinta sinfonía de Beethoven, es quizás la composición orquestal más popular que se ha escrito y que para muchos melómanos es la sinfonía, no es difícil descubrir el porqué cuando la escuchamos. La quinta es una de las obras más sorprendentes y electrizantes del compositor e indudablemente la más famosa e influyente sinfonía jamás escrita. El inicio rítmico de intensidad candente basado en una sola figura de cuatro notas, es una de las ideas más conocidas de la historia de la música, el resto del primer movimiento es un milagro de construcción; el segundo movimiento es de un lirismo impresionante pasando a un tercer movimiento con acento en los cornos y contrabajos e inmediatamente y sin pausa el cuarto movimiento concluyendo en un ceremonioso y gozoso final. No es novedad afirmar que hay algo de mágico e insólito en el primer movimiento de esta obra, un movimiento que ha sido objeto de innumerables análisis a lo largo del tiempo. Su poder distintivo se deriva del sentido de progresión de la tragedia al triunfo. Se estrena en Viena en 1808 en un larguísimo concierto junto con la sexta, el cuarto concierto para piano, la fantasía coral y otras obras resultando el concierto un fracaso. Al año siguiente se repite en Leipzig con muy buena acogida por el público. Desde entonces la quinta Sinfonía, permanece única e indispensable.

De la quinta mi grabación favorita es la de Carlos Kleiber, un director de una personalidad muy curiosa, con la Filarmónica de Viena en 1974, que es un torrente de energía, incomparable. También las grabaciones de William Furtwangler con la Filarmónica de Viena de 1954 y de George Szell con la misma orquesta en 1969

Beethoven era un amante de la naturaleza. Su soledad parecería que se aliviaba con el contacto con ríos, montañas y bosques. La sexta sinfonía pastoral, fue escrita al mismo tiempo y estrenada en el mismo concierto que la Quinta. En esta hermosa Sinfonía los movimientos son señalados con nombres de escenas del campo. En la sinfonía pastoral” de Beethoven, la apreciación de los detalles de los paisajes y los sentimientos expresados con amor, así como sus fundamentos abstractos, son uno y lo mismo, ya que Beethoven los hizo completamente interactivos. Tarde o temprano aparecerá con esta sinfonía el término música programática, que es la música instrumental que conlleva algún significado extra musical.

Beethoven compuso su sexta sinfonía entre 1807 y 1808, y en el programa de su estreno, el 22 de diciembre de 1808 en Viena, se describía a la obra como una sinfonía titulada: “Recuerdos de la vida en el campo”. Es difícil dudar de las intenciones programáticas de Beethoven, considerando que cada uno de los cinco movimientos lleva, además de la indicación de tempo, un subtítulo muy descriptivo: La contemplación del campo, Escena junto al arroyo, alegre reunión de campesinos, y para terminar con tempestad. El hombre representado en su aspecto más humilde y natural, un campesino, da gracias al espíritu de la naturaleza por la lluvia y la desaparición del peligro representado por los truenos y rayos. Es la visión de Beethoven de acuerdo con las ideas de la Ilustración.

Esa es la paradoja de Beethoven Lo que asombró a sus contemporáneos y a quienes lo han conocido desde entonces, cómo una vida tan caótica y desgarrada podía contener un espíritu tan magnífico y completo.

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