Hace 75 años se iniciaron los juicios contra los nazis

Setenta y cinco años después del inicio del proceso de Nuremberg que sentó en el banquillo y condenó a los criminales nazis, su sucesor espiritual, la Corte Penal Internacional, se enfrenta a numerosos obstáculos en su aspiración por mantener la llama de la justicia.

Establecido en 1945 en Alemania al final de la Segunda Guerra Mundial, los Juicios de Nuremberg sentaron las bases del sistema de justicia penal internacional para procesar a las personas acusadas de las peores atrocidades perpetradas por la humanidad.

La herencia de Nuremberg se perpetúa actualmente a través de la CPI, con sede en La Haya, primera jurisdicción penal internacional permanente que se encarga desde 2002 de juzgar acusaciones de genocidio, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

Es posible que haya una tendencia a olvidar que cuando los Aliados victoriosos sentaron a 21 dirigentes nazis en el banquillo de los acusados el 20 de noviembre de 1945, los fiscales contaban con todos los recursos, recuerdan los expertos.

Todos los acusados estaban presos y los Aliados controlaban cantidades ingentes de pruebas bien documentadas, en un país ocupado por ellos.

Además, los Juicios de Nuremberg tuvieron lugar por la voluntad política de aportar una respuesta jurídica apropiada a los crímenes nazis, en particular de Estados Unidos.

“Con estas ventajas, está claro que el tribunal (de Nuremberg) era eficaz”, dice a la AFP Nancy Combs, profesora de derecho del College William and Mary de Virginia (Estados Unidos).

La CPI, en cambio, “tiene que realizar sus acciones sin ninguna de estas ventajas”, observa Combs.

Desde su creación, la CPI se ha empleado a fondo en llevar a cabo acciones y obtener la detención de altos dirigentes, pero hasta ahora los resultados son más bien magros.

El expresidente de Sudán Omar al Bashir, uno de los acusados más importantes buscados por la corte que fue detenido por el ejército sudanés en 2019, sigue estando fuera de su alcance, igual que Seif al Islam, el hijo del dictador libio Muamar Gadafi.

Durante los últimos seis años, la CPI tuvo que desistir de las acciones emprendidas contra el presidente keniano Uhuru Kenyatta, mientras que el antiguo presidente marfileño Laurent Gbagbo y el político congoleño Jean-Pierre Bemba fueron absueltos.

“Los fiscales de la CPI, al igual que los de Nuremberg, quieren emprender acciones legales contra los dirigentes de alto nivel pero no tienen el apoyo político para conseguir la detención de estos sospechosos ni las pruebas que necesitan para condenarlos”, explica Combs.

Otra de las principales diferencias entre las dos jurisdicciones es el apoyo de Estados Unidos, que fue clave en el éxito de Nuremberg. Washington nunca ha reconocido la autoridad de la CPI y recientemente impuso sanciones sin precedentes contra la fiscal, en respuesta a una investigación en Afganistán que podría implicar a soldados estadounidenses.

Pese a que la posición de Estados Unidos con la CPI “ha cambiado con el tiempo”, su actitud actual es “muy extrema”, estima Cecily Rose, profesora asistente de derecho internacional en la Universidad de Leiden, Holanda.

“La política interior estadounidense, muy polarizada y divisiva, es muy diferente de la de después de la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos era el líder en materia de justicia internacional y del proceso de Nuremberg”, explica a la AFP.

“En aquella época, Estados Unidos era el ‘vencedor’ mientras que ahora se enfrenta a la perspectiva de que miembros de sus propias fuerzas armadas sean objeto de una investigación y de acciones de la CPI”, analiza Rose.

Las dos profesoras subrayan que “la justicia de los vencedores” de los Aliados empañó en cierta forma el proceso de Nuremberg.

“Sí, la CPI tiene dificultades y sus deficiencias parecen, si cabe, más flagrantes en relación al triunfo ostensible de Nuremberg”, dice Combs.

“Pero los contextos políticos (diferentes) explican el éxito de Nuremberg y los desafíos de la CPI”, recuerda.

Por su parte, los jueces y fiscales aseguran que uno de los grandes legados de Nuremberg fue devolverles la inspiración para obtener justicia.

Esta voluntad, que también se manifiesta con los tribunales temporales, como los encargados de perseguir los crímenes perpetrados durante la guerra en la exYugoslavia y el genocidio ruandés, se hace patente con la CPI.

“Cuando las cosas son difíciles, volvemos a mirar a Nuremberg y al trabajo de los fiscales” como el de Benjamin Ferencz, cuenta a la AFP un responsable de la corte que pidió el anonimato.

El abogado estadounidense, actualmente centenario, fue el fiscal más joven de uno de los procesos de Nuremberg y consagró su vida a la justicia internacional.

“Es una verdadera fuente de inspiración que nos permite continuar”, dice este responsable.

“Nos ha dicho que no era fácil entonces, y que no será fácil ahora. Pero tenemos que persistir”, concluye.

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