Rossó, descubierto en España, despedido antes de debutar, pero alcanzó Grandes Ligas en tres años

¿Qué tienen en común el lanzador Ramón Rossó y el filósofo y político Jean-Jacques Rousseau? Bueno, además de la fonética de sus apellidos, el prospecto de los Filis de Filadelfia es un producto de la educación y formación hogareña que le ha permito llegar hasta el más alto nivel del béisbol, tanto en Estados Unidos como en su país natal República Dominicana.

En una de sus obras cumbres “Emilio, o de la Educación”, Rousseau propugnaba que era mejor “aprender por la experiencia propia y no tanto por lo que le enseñen los demás”.

En palabras llanas: el joven lanzador Rossó tuvo que aprender a vivir en su adolescencia bajo la crianza de sus abuelos maternos y una docena de primos, sin su padre presente y su madre laborando a jornada completa, pero ambos progenitores muy pendientes de él y de su hermana menor.

Rossó creció en La Loma, un poblado barrio del populoso sector del Kilómetro 12 de la carretera Sánchez. Su padre emigró a España cuando él tenía 12 años y cinco años más tarde su madre se fue a vivir Virginia, en Estados Unidos.

Su pasión por el béisbol comenzó a la edad de 8 años, cuando su padre lo inscribió en la liga Franklin Rodríguez y a los 10 años pasó a la liga Delio Peña, de Bayona en Santo Domingo Oeste, donde comenzó a perseguir sus sueños de beisbolista.

En principio, se desempeñó como receptor, pero esa posición no le satisfizo del todo, así que decidió cambiarse a los jardines, sin saber que era en el montículo donde estaría su futuro. A regañadientes, sus entrenadores lo empezaron a trabajar como lanzador a la edad de 17 años, pues no le agradaba mucho la idea de lanzar.

Tras varios años de arduo trabajo sus esperanzas de firmar se desvanecían. Pero el destino le tenía una sorpresa mayor en España.

A principios del 2015, Rossó viajó a la Madre Patria con la intención de pasar un mes con su progenitor, pero esos treinta días se convirtieron en nueve meses. Allá participó en un torneo donde fue visto por un Scout de los Dodgers de Los Ángeles que estaba presente y se impresionó tanto con él, que le dio seguimiento; viéndolo en febrero y también en abril del mismo año en otro evento. Fue allí donde se produjo la contratación.

Al llegar a Santo Domingo en julio, los actuales campeones de Grandes Ligas lo firmaron con un bono de 60 mil dólares.

Sin embargo, el Rossó que los Dodgers vieron en España no fue el mismo que llegó a Campo Las Palmas. El joven lanzador nunca pudo debutar en la Liga Dominicana de Verano debido a problemas de confianza y descontrol.

A duras penas sólo trabajó un inning en la liga instruccional frente a la filial de los Mets de Nueva York, en una actuación que no contó como oficial en su registro estadístico.

En ese sistema se desarrolló más rápido que cualquier otro jugador de la organización en ese lapso. Su camino arrancó en junio en la Liga Dominicana de Verano (con sus siglas en inglés DSL), donde registró marca de 6-1 y 0.74 de efectividad, con 69 ponches y 13 boletos en 48.2 de entradas en 9 aperturas. Esa extraordinaria labor le valió una promoción a la Liga de Novatos de la Costa del Golfo (GCL) el 28 de julio. En la llamada “Rookie de Día” apenas le fabricaron una carrera y ponchó a 13 en nueve episodios.

Rossó terminó su increíble temporada de 2017 en la Clase A Corta, compilando 1-0 y 3.00 de efectividad con 23 abanicados en 18 innings.

Sin ser considerado un prospecto Top 30 en los Filis, Rossó seguía haciendo lo suyo sin hacer mucho ruido.

Lo mejor de su brazo se mostró en 2018, luciéndose en la Liga del Atlántico Sur y la Estatal de la Florida, los circuitos más ofensivas de Clase A Media y Avanzada, respectivamente. En total, acumuló marca de 11-3 y 2.04 de efectividad en 23 juegos -22 aperturas-, con 123.1 de innings de 139 ponches y sólo 40 transferencias. Nada mal para un “released” por descontrol.

Le tomó sólo tres años alcanzar su sueño.

Este turbulento 2020, marcado por un mortal virus que cambió el ritmo del mundo, para Rossó ha sido espectacular, pues ha cumplido varios de los sueños que tenía como jugador profesional de béisbol.

Más aún como hombre ha conseguido el más grande triunfo: convertirse en papá por primera vez. Su bebé Ricardo Antonio nació en mayo.

Durante una entrevista el año pasado, sentado junto a sus abuelos, Rossó entre lágrimas respondió a la pregunta de cómo creía que sería su debut en las Mayores diciendo: “A mí me gustaría que estuviera mi familia allá, en especial mi papá, que le salió la nacionalidad española y nunca me ha visto lanzando… mi abuela y mi mamá que vive allá (en Estados Unidos)…”.

A pesar de que no sucedió como hubiera querido, el pasado 24 de julio, Rossó hizo su debut en Grandes Ligas, ponchando a uno de los tres bateadores que enfrentó para registrar su primer “Out” en el Big Show contra los Marlins de Miami, en medio de una temporada recortada por la pandemia del Coronavirus.

“Mi debut en Grandes Ligas fue increíble. Un sueño que desde niño tiene uno como pelotero. Fue demasiado emocionante. Tenía un poquito de nervios en la primera salida, pero luego todo normal”, cuenta con calma el espigado lanzador de 24 años desde la habitación de un hotel en Santiago de los Caballeros, donde se encuentra concentrado con las Águilas Cibaeñas.

Precisamente, otra meta que cumplió Rossó a nivel profesional fue hacer su debut en la pelota invernal dominicana con las Águilas, equipo que lo eligió en la quinta ronda del sorteo de novatos de 2018.

El lunes 16 de noviembre hizo su primera presentación y enfrentó a las Estrellas Orientales durante dos episodios de relevo en blanco, con dos ponches y una base por bolas.

“Fue una gran experiencia. Ya sin nervios. Me sentí cómodo y bastante bien lanzando la pelota. Sé que esta liga me va a ayudar mucho”, expresó Rossó, quien impresionó al dirigente Félix Fermín en los entrenamientos aguiluchos y se ganó el quinto puesto en la rotación en su primera oportunidad de lanzar en la pelota dominicana.

El viernes pasado, hizo su primera apertura en la liga frente a los Toros del Este, actuales campeones nacionales y del Caribe, y retiró a los nueve bateadores que enfrentó en tres episodios, con tres ponches.

El siguiente objetivo de Rossó en el béisbol es mantenerse en Grandes Ligas, al mismo tiempo que seguir disfrutando de armonía con su familia.

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