La política, obligada al confinamiento

La política de tanto andar a la intemperie se contagió y está obligada a confinamiento y distanciamiento. Muchos no querrán acercársele o lo harán con cuidado extremo.

El político que tenga dinero antes de llegar al poder, o al salir, será sospechoso habitual o habrá cometido delito sin saberlo.

La declaración de bienes tendrá que verse como riesgo no calculado, y al que se distraiga o quiera hacerse el sueco, retrasándose, un anatema coronará su cabeza.

Uno de los atractivos de la política era meter la mano, no el dedito, sabiéndose por anticipado que la cotorrita sin pico no parla.

Igual ser proveedor del Estado, pues con colindancia y descontroles, toda riqueza se multiplicaba. ¡Cuántas fortunas fabulosas crecieron a su sombra!

Esas licencias o bonos –parece– desaparecerán, y los que quieran comprobarlo solo tienen que sentarse a ver las audiencias de medidas de coerción.

El presidente advirtió, pero posiblemente haga falta algo más, si los defraudadores están en la propia familia, o se olvida que al perro huevero ni aunque le quemen la boca.

La corrupción, por lo visto, necesita el afecto de la impunidad.

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