El país estaba ávido de espectáculos, pues, aunque se ofrecen conciertos virtuales, nunca como las presentaciones en vivo.

Falta aplauso, carece de arrebato.

Incluso quería que el entretenimiento fuera como circo con todas las fieras sueltas. Las audiencias de medidas de coerción vinieron como anillo de bodas. Felicidad de luna de miel.

En la escena muchos pinochos y brincadores de tablita, aunque con mucho aguante, no se cansan y solo el juez sale corriendo a la medianoche.

Aunque al día siguiente, más fresco que una lechuga, arranca y contento como en Cien Canciones y un Millón de Recuerdos.

Los fiscales se dejan ganar por el frenesí y se tiene la impresión de que Yeni Berenice se está cogiendo el pleito para ella sola, olvidando que el delito se da de la mano con la política.

En una reunión que hubo en el cielo, Pedro, con las llaves en la mano, dijo a sus asistentes que los acusados eran tan inocentes, según sus declaraciones, que entrarían con un mínimo de trámites. Y como en el Paraíso no hay abogados del diablo, lo que diga Pedro es lo que va.

Para que lo sepan –dijo el chusco de la esquina.

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