Grande es la decepción de quienes enaltecieron al juez Sergio Moro y le equipararon con los más grandes del derecho mundial. Pero como siempre sucede con los oportunistas, con los de doble moral que simulan para ascender en la sociedad, a su aparentemente inexplicable decisión de ser ministro de Justicia de Bolsonaro sumó ahora otra acción que lo retrata de cuerpo entero: pasó a trabajar con Odebrecht como asesor y consultor internacional para, según confiesa, “ayudar a la empresa a reestructurar sus cuentas y a hacer las cosas bien”. De personajillos tipo Moro está llena América Latina, y la RD no es excepción; falsos pontífices que utilizan la noble causa del adecentamiento de la vida pública para provecho propio.

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