Los deportistas de alto nivel después del retiro

Algunos deportistas de alto nivel se quejan de que, luego de su retiro, nadie los reconoce cuando se acercan a un estadio o una cancha del deporte que practicaron con éxito durante años. Su queja tiene sentido; su amargura no.

La gloria de los atletas tiene, por suerte, una duración mayor que sus proezas, aunque desgraciadamente efímera. Eso les pasa a los que no logran orientar su retiro en favor de su imagen. No se puede conservar viva una gloria que no se alimenta de manera sostenida. Los atletas que durante toda su vida reciben el tributo de sus éxitos son aquellos que los alcanzaron en momentos oportunos de la humanidad o han consagrado su vida en mantener activo el recuerdo de su proeza.

Desde los tiempos más remotos de la Grecia antigua y de la Roma latina los atletas tienen el síndrome de la brevedad. Físicamente no pueden ir más allá de lo que sus músculos les permiten. Nos extrañamos cuando un pelotero de 38 años, como fue el caso hoy de Barry Bonds, lograra imponer en 2001 el récord de jonrones en una temporada (73), pulverizando, 40 años después, los 61 de Roger Maris en 1961. Pero no nos sorprende que nadie recuerde actualmente a atletas que fueron ídolos de multitudes hace apenas cinco años. A pesar de que la televisión podría recordarnos regularmente los momentos de gloria de nuestros grandes deportistas. No dejarlos para el obituario, como se acostumbra.

Lo que precede se puede ilustrar con una anécdota como la que le sucedió a un lanzador dominicano de los años 50 y 60, George —Garabato— Sackie, un pitcher que pasó su carrera con los Leones del Escogido, las Estrellas Orientales y los Tigres del Licey y en el extranjero, luego se retiró y nunca más, como es costumbre, se habló del Garabato Sackie hasta que de pronto, en Santiago de los Caballeros, alguien surgió diciendo que era el Garabato Sackie y que estaba en la miseria, que necesitaba ayuda y todo el discurso que casi siempre acompaña a los atletas olvidados. La prensa se hizo eco porque tampoco lo recordaba. Pero ese no era Sackie, sino un usurpador de identidad, pues el verdadero residía en Río San Juan (Nagua) viviendo en la miseria su retiro y su olvido hasta su muerte en 2016.

El vía crucis de los atletas de alto nivel retirados no se corresponde con la gloria que acompañó su carrera. Joe Louis, uno de los mejores boxeadores que registra la historia de ese deporte, terminó su vida como portero de un casino u hotel de Las Vegas. Tal vez siendo el objeto de las burlas de muchos que no creían lo que él pretendía haber sido: una leyenda del boxeo. El caso de Louis tiene su explicación: no supo administrar su vida ni su dinero al perder el título de campeón de los pesos pesados.

Hay los atletas que sobresalen por sus proezas, por su récord y los que combinan desarrollo deportivo con momento político. Durante los juegos olímpicos de 1936, en la Alemania nazi, la que gritaba al mundo que la raza aria era la raza perfecta y superior, un atleta norteamericano, negro por demás, Jesse Owens (1913-1980), batió a los atletas alemanes —arios, según Hitler— en los 100, 200, 4 x 100 metros y salto largo. Hitler, como era de esperarse, se negó a saludar al que había echado por tierra una serie de conceptos y teorías absurdos sobre razas inferiores y superiores. La gloria de Owens tiene mayor relación con el momento histórico de su proeza que con sus cuatro victorias en el estadio olímpico de Berlín.

En República Dominicana hay atletas cuya gloria se mantiene a pesar de la tendencia de los pueblos de olvidar a sus ídolos. Pero se trata de los que han hecho un aporte mayor que establecer un récord. Depende del momento en que actuaron y de la actitud que tuvieron durante sus años activos. Juan Marichal no es quien es solamente porque haya obtenido en 6 temporadas más de 20 victorias, ni porque fuera uno de los peloteros mejores pagados de las Grandes Ligas, tampoco por ser miembro del salón de la fama del béisbol.

Estos aspectos cuentan, pero no son esenciales. Lo importante es lo que significa que un jugador hispano lograra demostrar en esos años que Estados Unidos no tenía la exclusividad de las estrellas del béisbol.

Un atleta debe tener conciencia de que así como su carrera es corta también lo es su gloria. Debe saber que el pasado no es un medio de producción, que el pasado se recuerda, pero también se olvida.

Si hay algo que los atletas deben reconocer a los últimos años del siglo XX es que el deporte tiene el reconocimiento que merece. La retribución de los deportistas profesionales, en todos los deportes, es directamente proporcional a la duración de su carrera. Y es justo que se les retribuya el placer que producen a los amantes del deporte y que se prevea un retiro a la edad en que una persona normal comenzaría a entrar en la vida activa.

Peloteros como, entre otros, Sammy Sosa, Alex Rodríguez, así como los miembros del salón de la fama de Cooperstown Pedro Martínez y Vladimir Guerrero recibieron salarios a la altura de sus proezas, directamente proporcional con la brevedad de su carrera deportiva. Lo demás depende de cómo administren su retiro.

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