El Gobierno en la boca de la farándula

Lo peor que le puede pasar a un gobierno es caer en la boca de la farándula, como está sucediendo ahora con la actual administración.

Quiso hacer algo bueno, pero desató la furia de los demonios y abrió todos los infiernos. Si no se quema, por lo menos saldrá chamuscado.

La farándula es intensa, y más cuando se siente discriminada, y no por el talento, sino por la política. Qué tiene fulano que no tenga yo, y por ahí María se va.

Los cien millones fue un exceso a juicio de todos los mentideros, y lo que se planteó como oportunidad, derivó en oportunismo.

Ahora la güira se molesta ante el gozo de la tambora, y en vez de música, ruido.

La estrategia parecía divina, un marketing encantador: el cambio tomando para sí toda la pista. Un presidente que baila y una esposa que no se pierde pieza.

La verdad que todo iba de maravillas, con invitación a Palacio, con almuerzo, con seguridad social. Y así hubiera seguido si la riqueza no se le ríe en la cara a la miseria.

La gente no solo se fijó en el monto, sino también en el reloj que llevaba en la muñeca el beneficiario. La inequidad en rumba flamenca.

En vez de celebrar, hay que explicar.

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