Pensiones: la fiebre no está en la sábana

En un artículo publicado en junio pasado, comenzaba diciendo que “Las administradoras de fondos de pensiones tienen muy bien ganada mala imagen”. Y la culpabilidad la atribuía a la captura de las instituciones para maniobrar y extraer ganancias oligopólicas de un mercado cautivo.

Todo ello casi sin administrar nada, pues la Tesorería de la Seguridad Social hace la parte más difícil de recaudación, y la rentabilidad viene determinada casi enteramente por la existencia de la deuda cuasifiscal.

Vinculadas con esa imagen negativa suelen surgir propuestas orientadas a que sean eliminadas las AFP, creyendo que la fiebre está en la sábana, u otras tan descabelladas como la de devolver el 30% de los fondos. Tras este artículo, las únicas que resultaron beneficiadas fueron las agencias publicitarias.

La idea de suprimir las AFP surge de la falta de una cabal comprensión de la real naturaleza de los sistemas previsionales. Este año, algo poco común en nuestro país, fue publicado el libro Pensiones dignas y sostenibles para todos, de nuestro colega Arismendi Díaz Santana, el cual muestra que prácticamente todos los sistemas de pensiones del mundo se encuentran en crisis, independientemente de que haya o no AFP, algunas de carácter explosivo.

Las razones son diversas, pero hay una fundamental, con la que no se contaba cuando fueron concebidos los sistemas previsionales hace más de un siglo: la longevidad de la gente, como efecto del incremento de la esperanza de vida en todos los países.

La mayor preocupación de los cotizantes es la baja tasa de reemplazo que les espera al final de la vida activa, es decir, la precaria pensión. Pero veamos la fuente de la fiebre: sea cual fuere la naturaleza de un sistema previsional, el monto de las pensiones que va a recibir el afiliado al momento de su retiro va a depender de una serie de condiciones, como son, el salario que recibía, la tasa de cotización, los años que dura cotizando, la rentabilidad y seguridad con que se inviertan los fondos, la edad de retiro, y los años que va a durar después cobrando la pensión.

Los años cotizando dependen de la edad al momento de afiliarse, la edad de retiro y eventuales interrupciones por pérdida del empleo. La rentabilidad y seguridad de los fondos, por cierto que muy alta en la República Dominicana, es determinada exógenamente, por las tasas de interés de la deuda pública, que es el instrumento por excelencia para las inversiones.

Todos los factores mencionados son los básicos, y están ahí sea quien fuere que administre los fondos, porque alguien tiene que administrarlos. Ahora bien, hay otros factores accesorios, como el costo de administración y el margen de intermediación, en lo cual sí cuentan las AFP o una eventual agencia estatal.

Hay otros elementos básicos para la eficacia de los sistemas de seguridad social que, en República Dominicana, son nefastos, como los bajos salarios reales, la informalidad laboral, el desempleo y la baja carga tributaria, que impide subsidiar las pensiones.

Para no hacer más largo el cuento, otro elemento importante es que los cambios económicos y sociales han determinado que la gente comience a trabajar más tarde, limitando el período de cotización.

Como he escrito en otras ocasiones, los actuales sistemas de SS fueron concebidos para épocas en que el tiempo de cotización era muy largo y el de jubilación muy corto, pues “la gente comenzaba a trabajar a los 18 años, cotizaba hasta los 60, se jubilaba y moría pocos años después”. Por eso los aportes alcanzaban para jugosas pensiones. Eso ha cambiado y ahora los países procuran elevar la edad de jubilación, incrementar las tasas de cotización o bajar la pensión.

A veces se plantea eliminar las AFP pretendiendo volver al antiguo sistema de reparto. En estos sistemas, administrados por el Estado por necesidad, hay dos posibilidades: que funcionen mal o que funcionen bien.

Si funcionan mal (caso del IDSS), cuando el individuo llega a reclamar la pensión no hay dinero, como muestra la vieja vigilia de un grupo de antiguos trabajadores azucareros frente al Palacio de Gobierno. Y si funciona bien (países de Europa, Asia o Uruguay) entonces el contribuyente tiene que cargar con una alta carga tributaria, para que el fisco se haga cargo.

En la República Dominicana, las bajas pensiones son un gran problema, que afecta principalmente a la clase media, no precisamente a los más pobres. El verdadero problema dominicano son el 60% de la población que no va a recibir ninguna, conviviendo con una fracción inferior al 0.1% que se autoasignan pensiones de lujo sin habérsela ganado, y que el contribuyente, incluyendo al pobre, tendrá que pagar.

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