La odisea de los venezolanos que se convirtieron en ciudadanos brasileños

Dorianny Torres acaba de amamantar a su hijo pequeño Luis Joel y le entran ganas de comer algo dulce. “Un caramelo, una galleta”, comenta, sentada en la hamaca de la casa de PVC en la que se encuentra. “Es la ansiedad”, concluye. Dentro de algunas horas, esta venezolana de 30 años embarcará rumbo al estado de Minas Gerais, sureste de Brasil, saliendo de Boa Vista, al norte del país, acompañada de sus seis hijos. La mayor, Estrella, de 10 años, lleva un vestido de flores fruncido. Su pelo está adornado con una hilera de clips de colores, al igual que sus hermanas: Kereane, de 5; Luciane, de 7; y Victoria, de 6. Abraham, de 8, era el único varón, hasta la llegada de Joel. Es la primera vez que se subirán a un avión, rumbo a una ciudad desconocida. Pero no hay alternativas. Necesitan sobrevivir y en Brasil encontraron un camino.

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