Biden estudia considerar como genocidio la matanza de armenios bajo el imperio otomano

El próximo sábado, cuando se cumplan 106 años del inicio del exterminio de más de un millón y medio de armenios a manos del Imperio Otomano, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, planea reconocer el genocidio del pueblo armenio, pese al riesgo de tensar las relaciones con Turquía, según informan varios medios estadounidenses. Sin embargo, y según informaba CNN, fuentes cercanas a la Casa Blanca han avisado de que es posible que el mandatario cambie de opinión y emita un escrito simplemente reconociendo el suceso sin denominarlo genocidio. Este reconocimiento es algo que el demócrata había prometido hacer durante la campaña electoral.

Hasta el momento, Estados Unidos había sido reticente a reconocer como un genocidio la matanza de armenios entre 1915 y 1923 para no perjudicar las relaciones con Turquía, el Estado heredero del Imperio otomano y socio de Washington en la OTAN. De confirmarse el reconocimiento, Biden se convertiría en el primer presidente en la historia de Estados Unidos en clasificar de esta forma lo ocurrido. El expresidente Barack Obama hizo una promesa similar, pero en sus ocho años de mandato sólo emitió declaraciones en las que calificaba los acontecimientos de 1915 de “tragedia”, “atrocidad masiva” y “horror”. Antes que Obama, el presidente Ronald Reagan hizo una alusión en 1981 al genocidio armenio durante un comunicado sobre el Holocausto, pero se retractó bajo la presión de Turquía.

En 2019, las dos Cámaras del legislativo estadounidense aprobaron resoluciones en las que se reconocía por primera vez el genocidio. Sin embargo, Donald Trump, que mantenía una buena relación con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, no tomó en consideración estas resoluciones. Las relaciones turco-estadounidenses ya eran tensas por la decisión de Turquía de comprar un sistema de defensa antiaérea a Rusia, lo que hizo que la Administración de Trump impusiese sanciones sin precedentes contra un miembro de la OTAN.

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En ese momento, Erdogan advirtió de que “si fuera necesario” podría ordenar el cierre de la base aérea de Incirlik, que ha jugado un papel importante para las operaciones del Pentágono en Siria. “Es muy importante para ambos lados que Estados Unidos no dé pasos irreparables en las relaciones”, dijo el presidente turco, que avisó además de que tomaría medidas “recíprocas”. En 2010, también después de una moción del Congreso estadounidense para reconocer el genocidio, Ankara retiró a su embajador de Washington en protesta. Tras conocerse la noticia del posible anuncio del mandatario demócrata, el ministro turco de Asuntos Exteriores, Mevlüt Çavusoglu, dijo que las palabras de Biden no tendrían ningún efecto legal y solo perjudicarían la relación entre Estados Unidos y Turquía. “Si Estados Unidos quiere empeorar los lazos, la decisión es suya”, advirtió, según recoge la agencia Bloomberg.

El genocidio armenio ha sido reconocido desde 1965 por varias decenas de países y 43 estados de Estados Unidos. También ha sido reconocido por el Vaticano, el Parlamento Europeo, el Consejo Mundial de Iglesias y otras instituciones. Turquía, que niega el genocidio armenio y habla de “lamentables excesos”, se ha mostrado hostil contra quienes lo reconocen internacionalmente, como Francia o Alemania. En 2019, Erdogan acusó a París de ser responsable del genocidio de los tutsis en Ruanda en 1994. En 2011, el Parlamento francés había aprobado una proposición de ley que castigaba la negación del genocidio armenio, lo que supuso que Turquía suspendiera las relaciones políticas y militares con el país.

Ya en 2016, el Parlamento de Alemania aprobó una resolución en la que reconoció el genocidio armenio, lo que abrió una crisis diplomática entre Berlín y Ankara. Para el papa Francisco, el armenio es el “primer genocidio del siglo XX”. Por esas declaraciones, Turquía también llamó a consultas a su embajador en el Vaticano. La masacre de armenios es reconocida ampliamente como el primer genocidio de la edad contemporánea y es el segundo caso más estudiado, por detrás del Holocausto judío.

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