Réquiem por el maestro Julio De Windt

Nos dejó Julio De Windt. Duele el corazón. Una vida dedicada a la música, pero sobre todo una vida dedicada a la música en la Orquesta Sinfónica Nacional, donde inicia como violinista hasta llegar a Director Titular, una posición a la cual no todos llegan, a pesar del puesto, siguió siendo la misma persona, un caballero, amable, educado, sonriente y poco dado a hablar de sus propios logros. A Julio de Windt, me unen lazos que inician con la amistad entre su padre y mi abuelo, en su natal San Pedro de Macorís, el poema que su padre dedico a mi abuela y que conservo, su admiración por mi madre, su fidelidad y devoción a Don Julio Ravelo de la Fuente y finalmente la amistad que con el tiempo labramos conjuntamente con su esposa Edith.

En homenaje al maestro Julio de Windt, me permito describir que hace un Director de Orquesta, de manera simple es ese hombre o mujer, que mueve las manos sin descanso, es la pieza indispensable de la orquesta, el alma, la cabeza y el corazón. Mucho más allá que unas manos que no dejan de trabajar.

En una orquesta integrada por un gran número de, músicos que pueden oscilar entre 40 y 120 músicos, cada uno de ellos tiene que tocar su parte, pero con idénticos criterios de velocidad, ritmo, volumen sonoro, carácter, entonces es el director quien se encarga de “imponer” esos criterios a los músicos, que tienen que seguirle fielmente si se quiere que todas esas personas respondan como una sola”.

Lo recuerdo siempre en el pódium, su figura erguida y movimientos firmes, nunca mostraba un aire de superioridad, de gestos amplios y claros, marcando el tiempo con su batuta, el ritmo y la velocidad, con la mano izquierda se encargada de señalar las entradas de cada grupo de instrumentos o de solistas. Con todo el cuerpo y principalmente con ambas manos indicaba la intensidad y el carácter de la obra.

El director de orquesta, y el maestro De Windt lo era, es mucho más que un hombre que mueve las manos y no es casual que se le llame normalmente “maestro”. A sus espaldas llevaba una larga carrera musical, estudioso en profundidad de la obra que iba a dirigir, se exigía conocer la estructura de la obra, los secretos ocultos tras las indicaciones, comprenderla profundamente, descubrirla cada vez y lograr la magia con la orquesta.

Tengo en mis manos su libro “Testimonios de un Director de Orquesta” la primera edición con un prologo de Ida Hernández Caamaño y la segunda edición con prologo de José Alcántara Almánzar, ambas pertenecientes a la Colección del Banco Central de la República Dominicana. En el habla con detalle del oficio del Director de Orquesta, cuenta anécdotas que le sucedieron a través del quehacer musical, de la fundación de la Orquesta del Conservatorio Nacional de Música, que ha sido punta de lanza para la formación de los jóvenes músicos del país y como bien dice en su libro fue “una orquesta construida sobre la base del amor”

Durante los años en que fue Director de la Orquesta Sinfónica con empeño y sin recursos grabo los conciertos de Temporada de la Orquesta. Que quedara para siempre como un testimonio de su desprendimiento. De estas grabaciones dice José Alcántara Almánzar “Esta iniciativa debe contar con el aplauso de todos ya que es el registro vivo de las presentaciones de nuestra principal institución musical, así como las de los solistas y directores invitados”

Despedimos al maestro Julio de Windt, quien nunca será olvidado, ya está en compañía de Manuel Rueda, Carlos Piantini, Jacinto Gimbernard, Julio Ravelo de la Fuente y será integrante por derecho propio de esa comunidad de músicos que han dejado su huella en esta tierra.

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