La fuerte abstención en Argelia traba la era post Buteflika

Las cifras son sin duda llamativas. Son las dos de la tarde en Argelia del día de las primeras elecciones legislativas tras la caída de Abdelaziz Buteflika. El colegio electoral se sitúa en Staoueli, en la franja costera occidental de Argel, la capital del país. Desde la apertura del centro han votado 217 personas, según tiene anotado a bolígrafo, en un cuaderno de cuadritos y anillas, una de las responsables de que allí la jornada fluya. No hay mucho trabajo a decir verdad. Eso sí, la participación en ese colegio, junto al conocido balneario Club des Pins, va en aumento a cada hora. En la primera fueron 13 votantes; en la última, 46 —a un par de manzanas, en otra escuela, no se ve un alma—. Argel es la grande ville y la abstención es mayor aquí que en el interior del país, pero este pequeño colegio no es mala muestra. Poco antes de la medianoche, el presidente de la Autoridad Nacional Independiente de las Elecciones, Mohamed Charfi, informó de que el 30,2% de los electores habían acudido a las urnas, una cifra muy baja que traba la transición argelina dirigida por el presidente Abdelmajid Tebún. Los resultados se conocerán a lo largo de este domingo.

Y todo pese a que algo sí han cambiado las cosas en los últimos dos años. Herzallah Selsabil tiene 28 años. Chapurrea algo del español que aprendió en el Instituto Cervantes, situado en el centro de Argel. Camina muy despacio por los pasillos del Colegio 5 de julio de Staoueli. Deja atrás el mural de Alicia y el conejo del país de las maravillas, y comienza el voto. Comienza porque no es sencillo: se cogen las papeletas, se esconde uno en la cabina, tacha los candidatos en uno de los folios y lo entrega; se sella el carné de votante, se firma con el dedo tras meterlo en un botecito, también con el boli… Dicen que es sencillo.

Herzallah sale de nuevo a paso tranquilo, que dé tiempo a limpiar el dedo: “No voté en las presidenciales, tampoco en el referéndum constitucional”, dice con una voz muy bajita, “pero ahora sí”. Su explicación: “La diferencia es que ahora votamos por gente como nosotros, decidimos quién va estar en el Parlamento [407 diputados]”. Alrededor de 24 millones de electores estaban llamados a elegir entre cerca de 1.300 listas, esto es, más de 22.000 candidatos. Herzallah ha votado esta vez, sí, pero, ¿Ahora qué? “No espero gran cosa tras las elecciones”, responde.

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Como esta joven, dedicada a la comunicación institucional, muchos argelinos han dado la espalda a las urnas en las citas electorales celebradas desde que dimitió Buteflika, en abril de 2019. La abstención en los comicios a los que Herzallah no acudió fue elevadísima, un 60% en la elección de Tebún y un 76% en la consulta sobre la reforma constitucional del pasado noviembre. El clima va por barrios, pero muchos aún miran con distancia la hoja de ruta del nuevo presidente argelino, que seguirá hacia delante. “Para mí, la participación no importa”, dijo Tebún tras depositar su papeleta en un colegio al este de Argel. “Lo que me importa es que aquellos por quienes vota la gente tengan suficiente legitimidad”.

Tres partidos de la oposición al gobierno y el movimiento de protesta Hirak, que impulsó desde las calles la marcha de Buteflika tras 30 años en el poder, han rechazado de forma tajante la validez de estas elecciones. Pero Argelias hay muchas dentro del país más grande del continente africano y muchos, sobre todo los jóvenes —un 50% de los argelinos tiene menos de 30 años— han agarrado la oportunidad de estas legislativas para dar un paso hacia delante. Así que más de la mitad de candidatos son independientes, como Soltani Mohamed Ikbal, de 35 años. “Hola, soy candidato de la lista 37”, se presenta. ¿Independiente? “Sí, independiente”.

El presidente Tebún depositaba este sábado su voto en un colegio de Bouchaoui, al este de Argel.ALGERIA PRESS SERVICE / Reuters

Se mete dentro de una de las aulas de votación del Colegio 5 de julio, frente al patio, y toma una de las hojas, encabezada en efecto por el número 37. Allí están su foto y nombre junto a un recuadro y junto al resto de aspirantes de su lista. “Antes”, explica con la papeleta sujeta sobre una columna y señalando de forma figurada algunas de las casillas, “elegías a este candidato porque era gente conocida, el ministro de no sé qué, el embajador de no sé qué… Iban a salir”. Un sistema de cuotas que llaman los partidos críticos con el periodo anterior.

La nueva ley electoral argelina ha abierto el camino a muchos candidatos no ligados a partidos como Soltani, dedicado al comercio internacional y, claro, a la política. Con condiciones, como que en las listas, el 50% tenga menos de 40 años, que haya transparencia en las donaciones, no llegue dinero del extranjero, que haya paridad entre hombres y mujeres —con excepciones en estas elecciones—… “Aún es difícil que en Argelia, un hombre vaya a votar a una mujer”, apostilla este candidato. Él tiene ilusión, lo explica con entusiasmo: “Esta mañana me he dicho”, relata Soltani, “que los jóvenes iban a votar”. Pero las cifras caen por su peso. “Aunqueno creo que pasemos del 35%”.

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