El partido de Putin consolida su poder mientras la oposición denuncia irregularidades en las elecciones

En un panorama político marcado por el autoritarismo cada vez más agudo del Kremlin, el partido gobernante, Rusia Unida, se ha garantizado de nuevo la supermayoría parlamentaria. Su cómoda victoria en las elecciones legislativas rusas de este fin de semana, marcadas por el hostigamiento de cualquier disidencia y por las denuncias de la oposición de graves irregularidades, refuerza el poder del presidente Vladímir Putin, que aunque no es miembro formal da un sólido apoyo al partido. Tras los amplios esfuerzos de las autoridades para garantizarse una victoria aplastante, con una votación que duró tres días, animados con premios y sorteos y precedida de una ‘paga extra’ a jubilados y militares, Rusia Unida obtuvo casi el 50% de los sufragios.

Mientras, partidos de oposición ‘leal’, como los comunistas —que han registrado una importante subida en los comicios y pasan del 13% al 19%—, y más críticos, como el equipo del opositor encarcelado Alexéi Navalni, acusaron a Rusia Unida de fraude y manipulación; sobre todo en el pionero voto digital habilitado en regiones como Moscú, y en las urnas móviles, ideadas para llevar el voto a casa a quienes no podían desplazarse a los colegios o votar por internet.

La organización independiente de monitoreo electoral Golos, etiquetada como “agente extranjero” por las autoridades, registró unas 5.000 denuncias de posibles irregularidades en todo el país; el doble que en las legislativas de hace cinco años. “Esta vez, incluso en regiones consideradas ‘limpias’, se han detectado casos”, apunta Stanislav Andreychuk, su copresidente, que remarca la “tremenda opacidad” del voto digital.

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Los resultados iniciales habían revelado el domingo por la noche que distintos candidatos opositores encabezaban significativamente el conteo en varios distritos de Moscú, de mentalidad tradicionalmente opositora. Hasta que, muchas horas después, llegó el voto por internet, que dio la victoria a sus rivales de Rusia Unida. Los comunistas, que han convocado diversas protestas estos días, pese a la prohibición de las autoridades y que ya han salido a la calle este lunes, han recalcado que no reconocen los casi dos millones y medio de sufragios digitales. Guennadi Ziugánov, el líder de la formación, acusado a menudo por los críticos con el Gobierno de ser demasiado leal a Putin, ha pedido una investigación formal. La Comisión Electoral ha asegurado, sin embargo, que se detectaron violaciones en distintos puntos del país, pero que no han sido “significativas”.

Miembros de la Comisión Electoral cuentan papeletas en la estación moscovita de Kazán, el domingo por la noche.
Miembros de la Comisión Electoral cuentan papeletas en la estación moscovita de Kazán, el domingo por la noche. EVGENIA NOVOZHENINA / Reuters

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La Unión Europea y Estados Unidos, que viven el peor momento en sus relaciones con Rusia desde la Guerra Fría, han cuestionado la legitimidad de las elecciones. El Departamento de Estado de EE UU ha remarcado este lunes en un comunicado que los comicios no han sido “libres ni justos”. Mientras, Peter Stano, portavoz del jefe de la diplomacia de la UE, Josep Borrell, ha hablado de “violaciones graves durante la votación”. “Estos comicios han tenido lugar en un ambiente de intimidación de voces críticas e independientes”, ha remarcado.

Pese a la campaña represiva de las autoridades, que se han afanado por borrar del mapa político a la oposición más crítica –desde los aliados del encarcelado Navalni hasta populares candidatos independientes y liberales— y que ha maniobrado incluso contra aquellas formaciones consideradas afines al sistema, como los comunistas, el Kremlin ha asegurado que las elecciones se desarrollaron con “competitividad, transparencia y equidad”. “Evaluamos el proceso electoral de manera muy, muy positiva”, ha dicho este lunes Dmitri Peskov, el poderoso portavoz del presidente ruso.

Entre los escaños distribuidos con el voto por partidos y, sobre todo, gracias a los que se reparten a través del voto nominal a candidatos representantes de los distritos, destaca la analista Tatiana Stanovaya, el partido del Gobierno seguirá teniendo una supermayoría de escaños en la Duma estatal (Cámara baja del Parlamento). La formación conservadora va camino de ganar 315 de los 450 diputados de la Duma, según la cúpula del partido; algo menos que los 334 actuales. “La tarea de Rusia Unida era confirmar su liderazgo y la cumplió”, ha insistido el portavoz del Kremlin.

No obstante, el partido de Putin ha sufrido un desgaste por el descontento social por la situación económica, con una inflación disparada, y por la pandemia. También, como apunta el politólogo Nikita Dontsov, acusa los efectos de otras reformas impopulares, como la de las pensiones, que aumentó de la edad de jubilación y sacó a miles de personas a la calle en numerosas protestas en 2018. El experto, de tendencia oficialista, cree que el aumento del apoyo al Partido Comunista se ha agudizado, además, por la crisis derivada de la gestión sanitaria de la covid-19. “Muchas personas insatisfechas, que han sufrido la recesión económica, han decidido demostrar al poder esa insatisfacción apoyando a su rival más cercano del partido del Gobierno, el PC”, abunda Nikita Dontsov.

Pese a que el 70% de las leyes las redacta el Gobierno, conservar la supermayoría era importantísimo para el Kremlin. El resultado le garantiza no solo estabilidad en un momento clave, en el que los corrillos políticos debaten sobre la posibilidad de que Putin se vuelva a postular a las presidenciales en 2024, como le permite la enmendada Constitución; además, le posibilita volver a reformarla.

En Rusia impera un sistema político denominado democracia controlada, en el que solo los partidos no demasiado críticos en temas sustanciales tienen un hueco en el Parlamento ruso. En esta legislatura habrá un estreno, el de Gente Nueva, una formación política creada el año pasado, a todas luces con el beneplácito del Kremlin, que ha tratado de captar a jóvenes profesionales descontentos con una agenda que busca canalizar el sentimiento de oposición de la sociedad, pero apoyando la continuidad del Gobierno de Putin. Gente Nueva, que los analistas definen como la cara B y más moderna de Rusia Unida, ha hecho suyas incluso algunas de las reclamaciones tradicionales de Alexéi Navalni, que jamás logró registrar un partido.

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