No tan deprisa…

Se siente cierta intranquilidad en ambientes empresariales. Quieren (aceptan) pacto fiscal y discutirlo en el CES. El Gobierno se tira más por reforma fiscal y por una vía más rápida. Ya se sabe que los diálogos y los pactos tienen una velocidad de crucero bastante mejorable…

Pero las conversaciones antes o después caen en el tema de la reelección. Los tiempos electorales de los políticos son diametralmente diferentes a los de la mayoría de los electores, y en este extraño transcurrir del tiempo asociado a la pandemia… parecería que el 2024 está demasiado lejos como para ocuparse de él.

No… los partidos políticos no piensan lo mismo y el problema de una reforma fiscal es que acaba con una reelección si no se atina con el momento.

La inminente reforma parece haberse ralentizado. Un empresario sospecha que el documento filtrado iba dirigido a dividir al sector, cuando ante una ofensiva tributaria deben actuar en bloque. Además, se extraña otro patrón, subir los impuestos después del olvidable 2020 es difícil de entender. Apunta un tercero: ¿por qué no manejar a las calificadoras desde otro ángulo?, ¿por qué no proyectar el presupuesto con un monto más contenido?, ¿por qué hay que tirarse a una cifra que obliga al endeudamiento y al examen de las calificadoras?

Educación, pago de deuda y sector eléctrico se llevan el 60% del presupuesto. Más voces se suman a repensar el 4%. Ni es sensato, por los resultados que ha dado, ni es manejable. Alguien sugiere un tope porque con el PIB creciendo cada año, el 4% no tiene techo. Otro propone contener la cifra por lo menos un par de años.

Desde la banca, alguien advierte que en dos años la deuda será peligrosa, si sus pronósticos se cumplen .

Y ahí se hace un silencio.

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