El Kremlin exigirá a Europa que pague el gas en rublos

El Kremlin mueve ficha y obligará a los países que sancionaron a sus bancos a que compren rublos para poder pagar el suministro de gas y petróleo. El presidente ruso, Vladímir Putin, ha ordenado que esta medida afecte a todos los “países hostiles” a su Gobierno, entre los que está incluida España. “Algunas naciones occidentales han adoptado en los últimos días varias decisiones ilegítimas sobre la congelación de activos rusos. En realidad, el colectivo occidental ha marcado una línea en la fiabilidad de sus divisas, ha acabado con la confianza en ellas”, ha afirmado el mandatario durante una reunión con varios miembros de su Gobierno.

Más allá del golpe político de obligar a los países que han aislado al sistema financiero ruso a volver a tratar con él para poder adquirir los hidrocarburos; la iniciativa del Kremlin busca reabrir el grifo de divisas extranjeras que las sanciones occidentales ha cortado de pleno tras la invasión rusa de Ucrania. Con esta medida, los clientes de Gazprom se verán obligados a pasar por caja y cambiar euros y dólares por rublos, con un cambio más favorable para el Kremlin. El anuncio de Putin fue recibido con una notable revalorización del rublo, aunque los mercados cerraron finalmente con un tipo de cambio de 112 rublos por euro, apenas un fortalecimiento del 1,7% respecto al día anterior.

“De pronto, todo el mundo sabe que, como se sospechaba, las obligaciones en dólares y euros pueden ser incumplidas”, agregó Putin. “Está claro que suministrar nuestros productos a la Unión Europea y a Estados Unidos y recibir el pago en dólares, euros u otras monedas no tiene ningún sentido para nosotros”, añadió el mandatario.

Entre otras medidas de castigo por la guerra, las naciones occidentales, incluida Suiza, congelaron los cientos de miles de millones de dólares del fondo en divisas extranjeras que tenía el Kremlin para situaciones de emergencia, y a esto se han unido diversas sanciones más, como la confiscación de bienes de oligarcas en sus territorios y la retirada de Visa y Mastercard de la banca rusa. Como respuesta, una de las primeras medidas de Moscú fue obligar a las empresas exportadoras a convertir en rublos el 80% de sus ingresos en otras monedas.

El presidente ruso ha dado ahora una semana de plazo al Gobierno de Mijaíl Mishustin y al Banco Central del país para idear la forma en que los “países hostiles” podrán cambiar sus divisas por rublos. “Rusia continuará suministrando gas natural de acuerdo con los volúmenes y precios fijados”, dijo Putin, “aunque los cambios solo afectarán a la moneda de pago, que se cambiará a rublos rusos”. “A diferencia de algunos socios, valoramos nuestra reputación comercial como proveedor fiable”, añadió el mandatario.

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El golpe de efecto pierde fuerza si se tiene en cuenta que tanto Estados Unidos como la Unión Europa ya habían hecho público que se preparan para no depender de los recursos energéticos del Kremlin. La Casa Blanca prohibió la importación de gas y petróleo rusos el pasado 8 de marzo. El presidente Joe Biden reconoció entonces que esto encarecería su consumo, pero aseguró que “defender la libertad tendrá un coste”. Por su parte, la presidenta de la Unión Europea, Ursula Von der Leyen, instruyó a los países miembros a no importar energía rusa a partir del año 2027.

El bloque comunitario adquiere entre el 40% y el 50% de su gas del país eslavo, y uno de sus principales clientes hasta ahora, Alemania, se encuentra ante un dilema. Berlín calificó de “violación del contrato” la decisión de Vladímir Putin de exigir el pago de las importaciones de hidrocarburos rusos en rublos. El ministro de Economía, Robert Habeck, de Los Verdes, aseguró en una rueda de prensa este miércoles que el anuncio demuestra, una vez más, que Rusia “no es un socio estable” y adelantó que Berlín va a hablar con sus socios europeos la respuesta al anuncio de Moscú. La dependencia energética de Alemania de los hidrocarburos rusos es una de las más elevadas del bloque. Más de la mitad del gas que consume su potente industria y con la que se calientan las calefacciones de sus 83 millones de habitantes se importa de Rusia; y ocurre lo mismo con más de un tercio del petróleo.

Alemania es uno de los países que hasta ahora se ha opuesto a imponer un embargo al gas ruso, al contrario de lo que han decidido Estados Unidos y el Reino Unido, mucho menos dependientes de las importaciones energéticas de Moscú. Berlín trata de reducir lo más rápido posible su dependencia buscando proveedores alternativos y acelerando la construcción de regasificadoras en su territorio para poder importar directamente gas natural licuado (GNL). Este miércoles el canciller, Olaf Scholz, reiteró en un discurso en el Parlamento alemán que Alemania no puede permitirse cortar el grifo del gas y el petróleo rusos de un día para otro porque su economía entraría en recesión. La poderosa Federación de la Industria Alemana emitió un comunicado reiterando el mensaje del canciller. “La industria alemana advierte a los países europeos en contra de reacciones precipitadas de consecuencias incalculables”, aseguró su presidente, Siegfried Russwurm.

Precisamente uno de los grandes proyectos de Berlín y Moscú de la última década, el gasoducto ruso-germano Nord Stream 2, ha sido uno de los principales motivos de discordia dentro de la Unión Europea todos este tiempo; un nido de problemas hasta que Putin reconoció las repúblicas separatistas ucranias de Donetsk y Lugansk el pasado 21 de febrero. Aquel movimiento, el precedente con el que el Moscú justificó la invasión de Ucrania, provocó un giro de 180 grados en Alemania, gran valedora de las relaciones comerciales con el Kremlin hasta ahora. Un par de semanas después, la constructora de la canalización, por la que nunca pasó una molécula de gas, se declaraba en quiebra.

Por su parte, España podría notar el encarecimiento de la energía por el impacto de esta medida en los mercados aunque no dependa directamente de Rusia. Según la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Energéticos (CORES), un 8,9% del gas importado por España en 2021 procedía del país eslavo.

“Lo primero que va a hacer todo el mundo es mirar la letra pequeña, porque por ahora solo tenemos el anuncio de Putin”, asegura Carsten Brzeski, economista jefe de ING en Alemania. El término empleado por Habeck “insinúa el hecho de que no hay contrato oficial entre Gobiernos sino entre empresas y que las condiciones de ese contrato no se pueden cambiar sin más”, añade. Si Putin lleva a cabo lo que anunciado y compañías como Gazprom bloquean el pago en euros o en dólares, “se considerará una provocación y una maniobra ofensiva en Alemania”. “La pregunta ahora es si Alemania dejaría entonces de importar gas ruso o si cumplirá las nuevas condiciones impuestas por Putin”, afirma el experto.

El director de la sociedad de inversión rusa LokoInvest, Dmitri Polevoi, publicó un análisis en su canal de Telegram donde remarcaba que la modificación de los contratos a rublos “supondrá cargas adiciones que recaerán sobre los compradores de gas”. “Además, el resto de dificultades podrían afectar temporalmente al volumen de exportaciones”, agregó el analista. Es decir, Europa podría recibir menos suministros de los esperados a corto plazo.

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