El G7 se compromete a rebajar la dependencia energética de Rusia y le impone nuevas sanciones

El primer ministro de Canadá Justin, Trudeau (con camisa azul y chaqueta), de visita en Irpin, a las afueras de Kiev (Ucrania), este domingo.
El primer ministro de Canadá Justin, Trudeau (con camisa azul y chaqueta), de visita en Irpin, a las afueras de Kiev (Ucrania), este domingo.HANDOUT (AFP)

Gestos, ayuda y sanciones. Los grandes países occidentales siguen combinando las muestras de solidaridad, el apoyo financiero, logístico y militar al agredido y las represalias al agresor como su política ante la invasión rusa de Ucrania. Este domingo, en un día simbólico por marcar el aniversario de la derrota de los nazis en la II Guerra Mundial, los países del G7 se comprometieron a limitar su dependencia de la energía rusa, aunque, eso sí, “de forma ordenada”, un ejercicio de realismo que denota cierta impotencia. Y también aprobaron nuevas sanciones para aislar a Rusia en áreas como la auditoría y consultoría, los medios de comunicación y una especie de embargo de industriales que puedan alimentar la maquinaria de guerra rusa.

En el capítulo de los gestos, la primera dama de Estados Unidos, Jill Biden, que se encontraba con refugiados ucranios en Eslovaquia, cruzó la frontera y se entrevistó con la primera dama ucrania, Olena Zelenska, en el sureste del país este domingo. El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, también apareció por sorpresa en Kiev. Razones de seguridad invitan a mantener discreción con las visitas.

Trudeau y el resto de dirigentes del G7, que agrupa a los grandes países desarrollados (EE UU, Canadá, Alemania, Francia, Italia, Reino Unido y Japón), se reunieron a convocatoria de Alemania, que ostenta la presidencia rotatoria, por teleconferencia con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, para los capítulos de la ayuda y de las sanciones. El G7 quería acordar nuevas sanciones antes del desfile militar con el que Rusia va a celebrar este lunes, 9 de mayo, el Día de la Victoria. La celebración conmemora el final de la II Guerra Mundial en Europa y la victoria sobre el nazismo y este año se espera la aproveche especialmente la campaña de comunicación del Kremlin. Moscú busca estimular internamente el apoyo a la invasión con un acto propagandístico que prevé un discurso del presidente Vladímir Putin.

Además de reiterar la condena a la agresión rusa y de mostrar su pleno apoyo y solidaridad a Zelenski, los países del G-7 prometieron seguir facilitando apoyo a Ucrania e imponer nuevos castigos a Rusia.

Entre las sanciones, el gran objetivo es cerrar el grifo que bombea petróleo y gas en una dirección y dólares y divisas en otra. La primera frase del comunicado del G7 al respecto parece tajante: “Nos comprometemos a eliminar progresivamente nuestra dependencia de la energía rusa, incluso eliminando o prohibiendo la importación de petróleo ruso”. Pero ese “progresivamente” y la siguiente frase del comunicado muestran que Europa aún no está preparada para dar el paso: “Nos aseguraremos de hacerlo de forma ordenada y oportuna, y de manera que dé tiempo a que el mundo se asegure un suministro alternativo”.

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Desacuerdo en Bruselas

Las conversaciones en el G7 se observan con el máximo interés en Bruselas, ya que se producen en medio de la preparación de un nuevo paquete de sanciones de la Unión Europea, el sexto, que quiere atacar con contundencia al flanco energético de Moscú. Las discusiones se centran en acordar un embargo total al petróleo ruso que se haría efectivo a finales de año tras un periodo de transición. Los 27 estudian también nuevas sanciones a empresas que den servicio a Rusia, desde los barcos que transportan crudo a las aseguradoras.

Las naciones del G7 se han sumado en otras ocasiones a las sanciones acordadas en Bruselas, pero también ha ocurrido que algunos países han decidido tomar medidas adelantándose al resto de socios. Es el caso del veto al petróleo que Estados Unidos y Reino Unido impusieron ya en marzo, pocos días después del inicio de la invasión rusa de Ucrania.

Las negociaciones en Bruselas volvieron a encallar este domingo por el rechazo de las capitales que dependen en mayor medida del crudo ruso. Las ofertas con plazos de desconexión más largos para Hungría, Eslovaquia y República Checa de momento no han sido suficientes para arrancarles un compromiso. Además de tiempo, el grupo, liderado por Budapest, exige inversiones en infraestructuras.

La Comisión Europea confiaba en poder llegar a un acuerdo antes o durante la fecha simbólica del 8 de mayo, cuando se conmemora “el día de la liberación” en Europa. Rusia lo celebra al día siguiente por la diferencia horaria. La firma de la capitulación tuvo lugar hacia las 23.00 de la noche del 8 de mayo de 1945 en Berlín, la capital del régimen nazi, cuando más al este ya era 9 de mayo.

Nuevas sanciones

A la espera de poder imponer un embargo energético, los países del G7 tratan de ir afinando con otras sanciones menores, pero dirigidas a aislar y debilitar la economía rusa, sus finanzas y su maquinaria industrial, sobre todo en lo relacionado con lo militar. Este domingo el G7 ha aprobado nuevas sanciones, que Estados Unidos ya tenía listas para anunciar casi a la vez que se publicaba el comunicado de los siete países más desarrollados.

El G7 anunció medidas para “prohibir o impedir de otro modo la prestación de servicios clave de los que depende Rusia”. “Esto reforzará el aislamiento de Rusia en todos los sectores de su economía”, explicaba el comunicado. Poco después, Estados Unidos precisaba que las firmas de auditoría, consultoría, gestión y marketing estaban entre las vetadas para trabajar con clientes rusos, corporativos o personales. Eso tiene un doble objetivo: por un lado, privar a las empresas rusas de todos los servicios que se utilizan para operar negocios multinacionales, pero por otro, también, evitar que esas firmas ayuden a empresas u oligarcas sancionados a eludir las medidas con su asesoramiento, según reconoció un alto funcionario de la Administración de Joe Biden.

Estados Unidos también ha tomado la delantera en otro de los acuerdos del G7: la lucha contra la desinformación. Washington ha llegado al extremo de prohibir equipos de cámaras, micrófonos o equipos de todo tipo a tres canales estatales bajo el control del presidente ruso (Canal Uno, Russia-1 y NTV) que permiten lo que denomina “la máquina de propaganda de [Vladímir] Putin”.

Entre las sanciones iniciales ya estuvo la prohibición de vender a Rusia equipamiento militar, pero ahora, Estados Unidos, en sintonía con el G7, da un paso adicional y extiende los controles a la exportación a muchos más insumos: productos de madera, motores industriales, calderas, motores, equipos de ventilación, bulldozers y muchos otros artículos con aplicaciones industriales y comerciales. “Estos nuevos controles limitarán aún más el acceso de Rusia a los componentes que necesita para reponer y abastecer sus capacidades militares”, explica un alto funcionario estadounidense.

A eso se unen nuevas restricciones de visado a 2.600 ciudadanos rusos y bielorrusos y más sanciones a ejecutivos bancarios rusos, entre ellos, 27 directivos de Gazprombank, el banco ligado a uno de los gigantes energéticos rusos.

“Nuestro paquete de sanciones coordinadas sin precedentes”, dice el G7, “ya está teniendo un impacto significativo en todos los sectores económicos rusos (financiero, comercial, de defensa, tecnológico y energético) y aumentará la presión sobre Rusia con el tiempo. Seguiremos imponiendo costes económicos severos e inmediatos al régimen del presidente Putin por esta guerra injustificable”.

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