López Obrador recibirá en Cuba la Orden José Martí durante una visita de alto simbolismo político

Hasta qué punto el viaje a La Habana del presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, se traducirá en hechos concretos que hagan avanzar las relaciones bilaterales, la historia dirá. De momento, López Obrador ya está en Cuba y este domingo será condecorado con la Orden José Martí, la más alta distinción que conceden las autoridades de la isla a una personalidad extranjera, y con eso, políticamente, queda dicho casi todo. Más allá de los acuerdos que suscriban ambos países en diferentes áreas, para el Gobierno de Miguel Díaz-Canel la visita de López Obrador es importante, pues en tierras cubanas se espera que haga una contundente denuncia del embargo norteamericano, que dura ya seis décadas y la isla considera la principal causa de sus males económicos, y también porque rechazará de nuevo la exclusión de Cuba (y también de Nicaragua y Venezuela) de la próxima Cumbre de Las Américas, convocada por Joe Biden el próximo mes de junio en la ciudad de Los Ángeles.

En estos momentos este tema pesa en La Habana, más después de los pronunciamientos de varios países de la Comunidad del Caribe (Caricom), que se han plantado y han advertido a Washington que si persiste en las exclusiones, ellos no acudirán. Son 14 países, y que López Obrador esté firmemente al lado de la isla en este asunto es relevante, ya que México no es un país latinoamericano cualquiera.

El viaje del presidente mexicano es importante para Cuba y para López Obrador, que ha hecho una bandera de su política de respaldo activo a La Habana frente a EE UU. A diferente de otros presidentes mexicanos —todos han visitado Cuba desde 1959, pero la mayoría lo han hecho al terminar su mandato, de un modo protocolar—, López Obrador llega a mitad de legislatura, escenificando que quiere dar el máximo nivel a las relaciones entre los dos países en consonancia con la tradición que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) mantuvo durante décadas, siguiendo la filosofía de que “al defender a Cuba se defiende también a México y sus principios”.

En qué medida los resultados del viaje superan su simbolismo, que es mucho, se verá. Durante las 24 horas que estará en La Habana, López Obrador sostendrá conversaciones oficiales con el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, y asistirá junto a él a la firma de varios acuerdos bilaterales, entre los que se destacan tres, o al menos es lo previsto: uno para viabilizar la adquisición de medicinas y vacunas contra la covid-19 desarrolladas por los laboratorios cubanos; otro instrumento para que instituciones financieras mexicanas puedan asistir a sus inversores y fortalecer el comercio bilateral —en estos momentos los intercambios rondan los 400 millones de dólares anuales, cifra que sitúa a México entre los 10 primeros socios de La Habana—; y probablemente también un convenio que permita ampliar las capacidades del Consulado en La Habana, en momentos de gran presión migratoria. En los últimos dos meses, 67.000 emigrantes ilegales cubanos han entrado a EE UU por la frontera mexicana, un récord absoluto. A México le interesa promover una emigración legal y segura, no que estos emigrantes vayan cruzando fronteras y caigan en manos de mafias, pero para ello es indispensable que el consulado pueda recuperar el ritmo anterior a la pandemia —en 2018 se concedieron 24.000 visados a ciudadanos cubanos, hoy una quimera— Aunque el tema migratorio fue el eje de la gira centroamericana de López Obrador, en La Habana el tono es otro y seguramente el asunto saldrá de refilón, o no saldrá, en las declaraciones oficiales.

Algunos analistas destacan, además, que no es casualidad el hecho de que López Obrador viaje a La Habana con una pequeña comitiva que incluye al canciller, Marcelo Ebrard, y a los secretarios de Defensa, Luis Cresencio Sandoval, y de Marina, José Rafael Ojeda. Según declaró a la revista Proceso Arturo López-Levy, profesor de relaciones internacionales de la Universidad Holy Names, de California, “López Obrador quiere que sus militares intercambien ideas y conceptos doctrinales con militares de izquierda y que vean cómo los militares cubanos se han insertado en lógicas de seguridad nacional que van más allá de la defensa e incluyen temas como la lucha contra la pobreza, el manejo de empresas estratégicas y el desarrollo económico”. Esto es, una visita con una gran carga simbólica para ambos países.

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