¿Cómo afectan los tapones la calidad de vida de dominicanos?

Los tapones que se viven a diario en el Gran Santo Domingo no solo causan caos en las vías y  ansiedad en los ciudadanos, sino que también impactan directamente la calidad de vida de la gente, en sus bolsillos, en el medio ambiente y, además, en la imagen de ciudad.

El gasto diario en energía y recursos que los ciudadanos consumen en las vías capitalinas es alarmante, pues en promedio una persona puede estar en el tráfico, como promedio, alrededor de una hora y 14 minutos. 

José Alberto Núñez, por ejemplo, es un joven empleado que vive en Santo Domingo Este, cerca de la avenida Ecológica, y trabaja en el polígono central, a una distancia de 17 kilómetros. Para ir y regresar de su trabajo cada día agota un promedio de tres horas, es decir una hora y media en cada trayecto.

Su vehículo, de cuatro cilindros, consume diariamente un promedio de 1.5 galones de gasolina premium, que al precio de RD$293.60, representa RD$440.4 por día y multiplicado por los 5.5 días que labora a la semana, significa un gasto de RD$2,422.2. Al mes son RD$9,668.8 y al año el gasto total de combustibles para laborar representa una inversión de RD$116,265.6.

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Pero no solo eso, Núñez invierte en tiempo 16.5 horas en una semana para ir a su trabajo, lo que equivale a 66 horas durante los 22 días de labor y al final de año habrá dedicado un promedio de 792 horas, es decir, el equivalente a 26.4 días de vida en el tapón. Casi un mes del año calendario y más días de vacaciones que la mayoría de los ciudadanos.

Lo que se recomienda y los planes que tienen las autoridades

Otro caso es el de Carmen Vargas, que vive en Gascue y trabaja por la avenida Abraham Lincoln, a solo 4.4 kilómetros de su casa. Ella tiene un carro de cuatro cilindros e invierte alrededor de RD$5,000 en combustibles solo para ir a su trabajo. Al año dedica de su sueldo un promedio de RD$60,000 en la compra de combustibles. Lo que le atormenta a Carmen, además del gasto en combustible, es que para llegar a su trabajo en las horas pico, es decir, después de la 7:00 de la mañana y de las 5.00 de la tarde, tarda entre 1.5 a 2 horas en tan solo 4.4 kilómetros.  En ocasiones el trayecto solo le toma entre 30 y 40 minutos. Los días feriados o los domingos ella hace el mismo trayecto, a velocidad normal, en solo 10 minutos. 

Como ha vivido en la ciudad de Nueva York, donde residen alrededor de 19 millones de habitantes, le llaman la atención no los tapones, porque en esa ciudad también se forman, sino las alternativas para usar colectivos como el Metro y autobuses, que aunque estos últimos no laboran las 24 horas, mejoran la movilidad y desincentivan el uso del vehículo privado. “Yo creo que en las otras ciudades no es que se hagan menos tapones, es que los servicios de transporte los usa todo el mundo y son accesibles para todos, en la ciudad de Nueva York donde he vivido, yo puedo tomar un tren que me deja en la puerta de mi casa y llego más rápido que coger el tráfico. Mucha gente que tiene vehículos prefiere coger el tren para evitar los tapones por la accesibilidad del tren”, cuenta.

5.2

millones de unidades conforman el parque vehicular del país, según datos de la DGII.

3.97

millones de viajes diarios se hacen en el Gran Santo Domingo, de acuerdo con el Intrant.

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hora es el promedio para desplazarse por el Gran Santo Domingo, de acuerdo con las autoridades.

Como los casos de José Alberto y Carmen se repiten otros, con mayor o menor costo y distancia, pero con la similitud de que a todos les afecta la calidad de vida. Muchos conductores han optado por salir más temprano de sus casas, por ejemplo, si antes salían a las 7:00 de la mañana, ahora lo hacen a las 6:00  a.m. o antes para llegar a sus destinos a las 8:00. En la tarde, como algunos no tienen opción de cambiar la salida, deciden esperar a que “baje” el tapón y en vez de irse a sus casas a las 5:00 de la tarde, que es su hora de salida, prefieren quedarse hasta la 7:00 p.m.

Los que duran horas en los tapones cuando llegan a su casa a veces están malhumorados por el estrés, la presión y la ansiedad que causan los tapones, lo que afecta la relación con los demás miembros de la familia. “A veces he llegado tan cansado, que le he hablado mal a mi esposa o a mis hijos, luego les pido perdón, pero es que no es fácil que uno se levante a la 5:00 de la mañana y  se pase gran parte del tiempo metido en un tapón sin ninguna opción”, indica Alex Medina, residente en Los Alcarrizos.

«“Es muy importante ponerse en los zapatos de los demás. El grave problema que tiene la sociedad con los tapones” «Marcos Barinas

De acuerdo con el Plan de Movilidad Sostenible del Gran Santo Domingo, el tiempo promedio para el desplazamiento por el Gran Santo Domingo es de una hora y 15 minutos.

Para el planificador urbano Marcos Barinas, el problema de la movilidad urbana en el Gran Santo Domingo no es exactamente los tapones, sino el elevado parque vehicular, y calcula ante la falta de opciones, muchos tienen que invertir el 30% de sus salarios.  “La única alternativa es mejorar los sistemas de transportación, como existen en otras ciudades, eso significa tener transporte masivo, por ejemplo, el Metro, aunque es muy limitado, porque no cubre ni el 15% de la población de Santo Domingo. Hay que mejorar el sistema de las Omsa, poner carriles exclusivos de manera que el tapón está, pero el autobús continúa y eso va a hacer que la gente se mueva del carro al autobús”.

El experto dice que hay que ponerse en el lugar de la mayoría de los dominicanos. En su caso, vive por la Lincoln, a menos de 300 metros del Metro y de una ruta de la Omsa, por lo que solo usa un vehículo de su propiedad para llevar su hijo al colegio. Las demás actividades las realiza en vehículos públicos, pero que esa no es la realidad general. 

Según la Dirección General de Impuestos Internos (DGII), al 31 de diciembre de 2021, los vehículos registrados en todo el país son 5,152,4482 unidades, 310,081 más que en el 2020.

El 43.7% de todos los vehículos que circulan en el país transitan por las calles y avenidas del Distrito Nacional y la provincia Santo Domingo, alrededor de 2.3 millones de vehículos. El 42% son vehículos privados, 36% públicos, incluido 9% del Metro, 21% se transporta a pie y menos de un 1% se traslada en bicicletas. 

Edgar Santana, encargado de planes de movilidad del Intrant, informa que en el Gran Santo Domingo se producen diariamente alrededor de 3 millones de viajes entre los sectores público y privado. La cantidad de vehículos genera un millón de toneladas de dióxido de carbono, equivalente al 20% del total de las emisiones en el Gran Santo Domingo.

“Las metas para el 2030 son: una red más equitativa e inclusiva con un aumento de un tercio de la cobertura territorial, que actualmente está en un 10%; un sistema eficiente y atractivo que genere un cambio de paradigma y signifique un aumento de un ocho por cientode los desplazamientos que se realizan en el transporte público, lo que comenzaría con una reducción de 20 minutos del tiempo promedio diario dedicado al transporte y una mejora sustancial de la calidad del aire”.

Su compañera Dalina Veras, técnica en movilidad del Intrant, indica que el Plan de Movilidad Urbana del Gran Santo Domingo, además de reducir las emisiones de gases de efecto de invernadero, el plan busca fortalecer la capacidad de las ciudades. “Los habitantes del Gran Santo Domingo tienen dificultades para movilizarse cotidianamente, no es un secreto, las infraestructuras viales están degradadas, inadecuadas y mucha concentración para ir al trabajo, a la escuela, para el ocio”.

Explicó que cada uno de los objetivos del Plan de Movilidad Urbana Sostenible del Gran Santo Domingo van a ser apoyados por cada una de las acciones como los corredores de autobuses, las bicicletas y mejores aceras para que las personas puedan caminar, entre otras.

Desde estrés hasta problemas cardiovasculares, los daños que causan los tapones a la salud

Todo el que vive en República Dominicana es consciente de que el tráfico es uno de los grandes problemas del país. Perder tiempo en tapones es el pan nuestro de cada día y es normal que, por corta que sea la distancia, el traslado tome hasta una hora más de lo ocuparía en un día sin tránsito.

Pero no solo se trata del fastidio que generan los tapones, el problema va más allá. Diversos estudios y especialistas advierten que estos afectan nuestra salud, tanto en el ámbito mental como físico.  

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Los tapones generán estrés.

Estrés, ansiedad, cansancio, ira, agresividad, impotencia y frustración son las principales reacciones en el ámbito emocional que ocasiona exponerse al congestionamiento vehicular, según refieren desde el Instituto de Salud Mental y Telepsicología. 

Explican que el estrés asociado al tránsito se manifiesta con insomnio o pocas horas de sueño de calidad que puede derivar en somnolencia durante la conducción, molestia a los ruidos, disminución en las capacidades de reacción hacia obstáculos en la carretera, dolores de cabeza, entre otros.

Otras patologías como la ansiedad, la ira, la agresividad, la impotencia y la frustración se presentan cuando la persona se encuentra por mucho tiempo al volante, así como irritabilidad o poca tolerancia hacia otros conductores, que en muchos casos termina en discusiones acaloradas.

La muestra más clara son los constantes conflictos que tienen lugar en la vía pública. Puede que muchos de los ciudadanos involucrados sean ejemplares en todas las áreas de su vida, pero al momento de estar al volante la ira se apodera de ellos. No es casualidad, sino más bien una respuesta a la mezcla de factores a los que se exponen al conducir en horas pico. 

Incluso, existe evidencia de que los tapones se relacionan con la violencia doméstica. 

Un estudio realizado en la ciudad de Los Ángeles, California (Estados Unidos) y publicado en la revista Journal of Public Economics reveló que de 2011 a 2015 el congestionamiento de la tarde en las dos carreteras más importantes de esa ciudad (I-5 e I-10), estaba directamente relacionado al aumento de la incidencia de violencia intrafamiliar por la noche, con un nueve por ciento de casos. 

“Vemos muchas personas que antes de salir de sus hogares ya se encuentran estresadas, pues deben madrugar para evadir los tapones y poder llegar a tiempo hacia sus trabajos, y esta situación se vuelve un condicionante para el estrés y el agotamiento físico”, sostiene la psicóloga Kendra Ynoa.

La directora del Instituto de Salud Mental y Telepsicología concuerda con ella y explica que esa sobrecarga de emociones negativas al regresar a los hogares tiende a ser descargada con los hijos y la familia en general. “Es así como (los tapones) aumentan los niveles de violencia intrafamiliar y de abuso hacia los niños y adolescentes”, refiere. 

Más allá del impacto psicológico

Además de la salud mental, la congestión del tránsito también afecta la salud física. Los expertos aseguran que pasarse sentado largos periodos frente al volante deriva en afecciones en la columna vertebral que pueden llegar a ser crónicas. A su vez, advierten que estos largos periodos suponen la degeneración de los músculos, mala circulación en las piernas y que disminuya el ritmo cardíaco de las funciones cerebrales.

Tampoco se puede dejar de lado la contaminación ambiental y sus riesgos. Los gases y partículas sólidas emitidos por los tubos de escape de los vehículos son los responsables del aumento de las crisis asmáticas y de la sensibilidad a pólenes y otras alergias respiratorias. Los niños son la población más vulnerable a esta contaminación, dado que respiran más aire en relación con el tamaño de sus pulmones. 

Tal y como pasa en otros países de Latinoamérica y el Caribe, en República Dominicana la mayor parte del tiempo se hace uso innecesario de las bocinas de los automóviles, que no es más que un reflejo de la falta de educación vial.

Está comprobado que la exposición constante a este y otros ruidos relacionados con el tránsito impacta la audición, la memoria, el rendimiento e incluso trae consecuencias a la salud cardiovascular, debido a que produce elevaciones de la tensión arterial y de los niveles en sangre de potentes vasoconstrictores. l

Licenciado en Comunicación Social por la universidad O&M. Ha ejercido el periodismo desde 1988 en radio, televisión y periódicos. 

Periodista de Revista. Me apasiona escribir sobre salud mental y relaciones de pareja. De no ser periodista, sería psicóloga con un blog.

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