“Parece que el nuevo deshielo ha comenzado”: Cuba recibe con esperanza las nuevas medidas de EE UU

Un automóvil pasa frente a la embajada de EEUU el 3 de mayo en La Habana (Cuba).Ernesto Mastrascusa (EFE)

La Habana reaccionó este lunes con optimismo al anuncio de Washington de que suavizará su política hacia Cuba al permitir más vuelos, remesas y reunificaciones familiares. La decisión tomada por la administración de Joe Biden, que revierte algunas de las medidas más duras de la de Donald Trump, ha sido recibida con entusiasmo en el sector de la iniciativa privada y de las incipientes pequeñas y medianas empresas, unos negocios que se verán beneficiados por ellas.

Varias de las medidas anunciadas este lunes son clave para este sector –que representa ya a casi un 15% de la población activa-, y que por simpatía favorecen a buena parte de la población. Entre estas están el restablecimiento de los vuelos directos entre EE UU y varias ciudades cubanas, la reanudación de los viajes de los norteamericanos a la isla amparados en la categoría people to people, que durante el mandato de Barack Obama y hasta las restricciones de Trump permitieron que los estadounidenses viajaran a la isla prácticamente sin restricciones —en aquel momento, Estados Unidos se convirtió en el segundo país emisor de turismo hacia Cuba—, y la eliminación de las restricciones al envío de remesas a la isla a través de empresas como la Western Union.

No menos importante, cuando decenas de miles de cubanos están emigrando a EEUU de forma ilegal, es la noticia de que Washington volverá a activar sus servicios consulares para cumplir los acuerdos migratorios vigentes entre ambos países, que establecen el compromiso norteamericano de conceder no menos de 20.000 visados anuales a ciudadanos cubanos en concepto de reunificación familiar, algo que desde que Trump llegó a la Casa Blanca no se cumple.

Para analistas como el académico y exdiplomático cubano Carlos Alzugaray, experto en relaciones Cuba-EE UU, este es “el primer caso claro de que el presidente Biden está en camino de cumplir con sus promesas de campaña con respecto a Cuba”. Como antecedente destaca la celebración, el jueves 21 de abril, de una primera ronda de conversaciones migratorias de alto nivel entre diplomáticos cubanos y norteamericanos, y señala que los cuatro paquetes de medidas aprobados ahora “son importantes”.

“Algunos van dirigidos a responder demandas que se originan sobre todo entre votantes cubanoamericanos, como el restablecimiento del programa de reunificación familiar y el de eliminar el límite de 1000 dólares trimestrales a las remesas de estos a sus familiares en Cuba”. Pero, señala Alzugaray, hay dos que estimulan a sectores “netamente cubanos: la autorización a los viajes de norteamericanos llamados de “pueblo a pueblo” (no turísticos) a Cuba, que en el 2014-2016 estimularon al sector de servicios de hospitalidad, visitantes, hotelero y gastronómico cubano; y facilidades para ciertas inversiones en el sector privado cubano, precisamente cuando el Gobierno de la isla lo estimula”.

Para el académico, “todo parece indicar que un nuevo deshielo ha comenzado y que la administración Biden estima que es más importante que cualquier consideración doméstica”. Entre las causas de este supuesto pragmatismo de Washington señala la necesidad de producir un acercamiento con Cuba pese a consideraciones “de índole doméstica”, entre las que señala “la crisis migratoria que afecta a varios países de la región, particularmente México; el disgusto que existe en el hemisferio por la aparente negativa de Biden de invitar a Cuba, Venezuela y Nicaragua a la Cumbre de las Américas en junio en Los Ángeles; y la posición de Cuba ante el conflicto ucraniano”.

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El canciller cubano, Bruno Rodríguez, consideró el anuncio del Gobierno de EE UU como “un paso limitado en la dirección correcta”, aunque puso énfasis en las medidas que todavía la administración Biden no ha levantado, como “la inclusión fraudulenta de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo” y la “mayoría de medidas coercitivas de máxima presión de Trump que aún afectan al pueblo cubano”, así como su política de embargo contra la isla, que a juicio de La Habana es la causa de la mayoría de sus males”.

El director de la revista cubana Temas, Rafael Hernández, consideró que “nada en el paquete de medidas de la Casa Blanca responde a lógica de derechos humanos, ni a la importancia de Cuba misma en su agenda, sino a la migración, que para ellos es un problema de seguridad nacional”. Las medidas, según Hernández, van “al centro del interés de EE UU ahora mismo: parar la crisis migratoria”. A su juicio, conseguir la cooperación del Gobierno cubano en ese terreno exige que “retrocedan en lo más sensible de su acoso en los últimos 5 años: las limitaciones a las remesas y a los viajes de los cubanos”.

“Al cerrar las visas con el fin de generar presión dentro de Cuba, la situación migratoria acumulada se les fue de las manos y desembocó en crisis (como en 1965, 1980, 1994)”, apunta Hernández. “Al verse forzados a abrir la puerta con Cuba, para negociar su fin, se cuelan los demás tópicos pendientes: las visitas de norteamericanos a la isla bajo licencia general, incluidas las people to people en grupo; los vuelos directos a provincias; las visas para visitas a Estados Unidos (B1 y B2) con múltiple entrada (cinco años). Y se le añaden otros que nunca habían existido, como operaciones bancarias directas a emprendedores privados; y remesas directas a instituciones bancarias cubanas. Esas con los bancos favorecen, en el medio plazo, ampliar relaciones económicas”.

Embajadores europeos consultados señalaron que la decisión de Washington es “positiva” y “bienvenida” y que por fin se mueve algo que se esperaba desde que Biden llegó a la Casa Blanca hace año y medio, aunque se debe analizar ahora la letra pequeña. En los sectores más críticos y entre la oposición moderada, el anuncio de Washington es bien visto, pero el énfasis se pone en que EE UU no ceje en la presión sobre los temas de derechos humanos y la falta de libertades en la isla.

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