El Kremlin concluye los referendos ilegales con los que pretende anexionarse las provincias ucranias ocupadas

Las enormes urnas de votos de Donetsk y Lugansk estaban este martes, a apenas unas horas de acabar los pseudorreferendos de anexión a Rusia, totalmente vacías en el colegio electoral de la localidad rusa de Tver. A ojo, el número de papeletas apenas superaba los dedos de una mano en cada cristalera, aunque era difícil de comprobar porque estaba tajantemente prohibido hacer fotos. Ni sacar imágenes ni hacer preguntas a los presentes en el colegio electoral, a diferencia de los plebiscitos reconocidos por la comunidad internacional. Sin embargo, la transparencia de los procedimientos era lo de menos para el Kremlin: las autoridades anunciaban que en algunas provincias el apoyo a la adhesión se acercaba al 99% a las pocas horas de que concluyeran unas consultas en las que ni siquiera han podido participar los ucranios que han huido de la guerra al resto del país o a Europa. Lo importante para Moscú no eran las garantías legales, sino abrir la puerta a considerar estas regiones como parte de Rusia y así amenazar a Kiev con una respuesta brutal —incluso nuclear— si su Ejército continúa retomando los terrenos ocupados por Moscú.

A última hora de la tarde de este martes, los resultados ofrecidos por las autoridades arrojaban un 98,42% de apoyo a la anexión en Lugansk, del 93,11% a favor en Zaporiyia y del 87% en Jersón.

Los pseudorreferendos han tenido lugar desde el viernes hasta este martes. En las elecciones de 2019, Volodímir Zelenski, un ferviente crítico de la anexión con Rusia, fue el candidato más votado en los territorios que entonces estaban bajo control de Kiev. El actual presidente logró la victoria tanto en la primera como en la segunda vuelta de unos comicios celebrados en tiempos de paz y con la presencia de observadores internacionales.

Pese a que los combates, el exilio y la movilización de gran parte de la población no son el mejor marco para votar, los plebiscitos han sido llevados adelante por Moscú como respuesta al avance de Kiev sobre esas regiones. Se han visto imágenes de las autoridades electorales acudiendo a recolectar las papeletas a las casas escoltadas por militares armados con automáticas. Asimismo, nunca se aclaró quién podía votar: la provincia de Zaporiyia está controlada en su mayoría por Kiev, y el jefe de su administración militar, Yevgueni Balitski, ha asegurado que el referendo aún continuará “después de su liberación”.

La consulta ha tenido lugar tanto en territorio ucranio como en Rusia. En Tver, el referendo se llevaba a cabo en su centro cultural Mir (paz, en ruso) y en las casas de quienes piden votar. En estos casos, lo habitual es tener un censo. Pero no en esta ocasión. “No sabemos cuánta gente vota aquí. La información sobre la votación se ha mostrado en televisiones. La gente se entera y viene a votar por sí misma”, cuenta a EL PAÍS la persona con la que recomiendan hablar en el colegio electoral, alguien que rechaza identificarse.

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“Nosotros solo somos colaboradores de la comisión electoral”, cuenta la portavoz. “La región de Tver coopera en la realización del referéndum con las autoridades de Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia. La gente que trabaja en estas mesas de votación representa a aquellos territorios. No son rusos, son gente de aquellas zonas”, agrega. Resulta imposible hablar con esos supuestos representantes de los territorios ucranios.

Salvo varios policías y el personal de las mesas electorales, no se observa que haya nadie más en las dos enormes salas del recinto. En otras regiones, los únicos observadores internacionales formaban parte de la constelación del Kremlin, incluidos algunos extranjeros vinculados a sus medios. Se repite así la historia vivida hace ocho años con la anexión rusa de Crimea, donde el plebiscito ni fue aprobado por Ucrania al atentar contra su soberanía ni fue supervisado por observadores neutrales.

Estos referendos, organizados en unos territorios conquistados en plena guerra, también han sido declarados “ilegales” e “ilegítimos” por la comunidad internacional. Importantes socios de Rusia como Serbia, China o Kazajistán no reconocen sus resultados, y EE UU y la Unión Europea han advertido de que tomarán medidas contra sus promotores. “Habrá consecuencias para todas las personas que han participado en la organización de estos referendos ilegales y que los han apoyado”, advirtió el martes el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell.

El centro cultural de Tver parece ser un colegio electoral normal. Urnas cerradas con sellos y mesas electorales con tres personas al tanto de cumplimentar sus protocolos. Pasado el mediodía, en algo más de media hora solo entran tres personas mayores a votar. Dos en la mesa de Lugansk y otra en la de Donetsk. Muestran lo que parecen pasaportes ucranios. “Vivo aquí desde 2014″, dice a los responsables de mesa una de las ancianas. Aquel año fue el inicio de la guerra de Donbás.

Antes llegaron dos mujeres escoltadas por un policía que cargaban con sendas urnas selladas y vacías, salvo por lo que parecía una papeleta en cada una. “Nosotros proporcionamos asistencia y transporte para que las comisiones electorales vayan a todos los puntos del oblast [región] y así puedan votar los ciudadanos de aquellos territorios. Todos los votos verificados por nosotros van a los cuatro territorios, y allí se anunciará el resultado general”, dice la portavoz.

Para comprobar la participación de otros días, remite a un canal de Telegram llamado Todo sobre las elecciones en la región de Tver, que cuenta con unos 670 suscriptores. Pese a la neutralidad que se presupone a la organización de un referéndum, en él solo se ven vídeos a favor de la incorporación a Rusia.

“Vine por la mañana, a primera hora. Hicimos la elección correcta con la adhesión a Rusia”, dice una joven. “Este año voto por primera vez y trabajo en la comisión electoral. Allí ayudo a la gente a elevar su voz por la gran Rusia. ¡Apoyamos el futuro de Donbás!”, dice otra chica entre dos pilares pintados con las banderas de Rusia y la autoproclamada república de Donetsk.

En otra grabación aparecen tres jóvenes con chalecos y gorras emulando la bandera rusa. Forman parte de Volontiori Za Rossiyu (Voluntarios por Rusia), donde han sustituido su alfabeto con la Z que representa al ejército en Ucrania. Su aparición finaliza con un “¡Por la victoria!”.

La cuestión ahora es qué victoria saldrá de todo esto. El exmandatario ruso y actual vicepresidente del Consejo de Seguridad, Dmitri Medvédev, volvió a incidir este martes en la amenaza nuclear del Kremlin. “Imagine que Rusia se ve obligada a usar el arma más formidable contra el régimen ucranio porque ha cometido una agresión a gran escala, peligrosa para la existencia misma de nuestro Estado. Creo que la OTAN no intervendrá directamente en el conflicto ni siquiera en esta situación”, escribió Medvédev en su canal de Telegram.

“Los demagogos extranjeros y europeos no van a perecer en un apocalipsis nuclear. Por lo tanto, se tragarán el uso de cualquier arma en el conflicto actual”, agregó el alto cargo, una de las personalidades políticas más cercanas a Putin. Lo que no aclaró es si la existencia misma del Estado coincide con la de su sistema político instaurado.

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