Los militares se despliegan en la capital de Burkina Faso tras varios tiroteos y explosiones

Un grupo de militares ha protagonizado este viernes en Uagadugú, capital de Burkina Faso, una revuelta que podría derivar en un golpe de Estado contra el presidente del país, el teniente coronel Paul-Henri Samaogo Damiba, quien a su vez llegó al poder mediante una asonada militar el pasado 24 de enero. Desde las cuatro de la madrugada se han escuchado disparos y explosiones en diferentes puntos de la ciudad, especialmente en los alrededores del palacio presidencial y el cuartel militar Baba Sy, sede de la junta militar que gobierna el país. Los militares han tomado posición en puntos estratégicos de la capital y la televisión pública ha dejado de emitir.

El malestar entre ciertos sectores del Ejército había ido creciendo en los últimos meses ante el deterioro de la situación en materia de seguridad y el constante hostigamiento por parte de grupos yihadistas, en concreto el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM) y sus aliados locales. La gota que colmó el vaso fue el ataque terrorista, el pasado lunes, a un convoy de mercancías a su paso por la localidad de Gaskindé, en el norte del país, cuando se dirigía a abastecer a la ciudad de Djibo, sitiada por los yihadistas desde hace meses. En dicho ataque fallecieron, según las autoridades, 11 soldados, una veintena de personas resultaron heridas y 50 civiles, en su mayor parte comerciantes, están desaparecidos.

El teniente coronel Damiba llegó al poder el pasado 24 de enero tras protagonizar un golpe de Estado contra el presidente Roch Marc Christian Kaboré. Entonces, los sublevados aseguraron que tomaban el poder ante la incapacidad del Gobierno para hacer frente a la violencia yihadista. “La degradación de la situación en materia de seguridad que amenaza las bases de nuestra nación y la incapacidad manifiesta del poder para unir a los burkineses y hacer frente a la situación” fue el motivo esgrimido en una declaración realizada en la televisión pública.

Sin embargo, nueve meses después la situación en materia de seguridad se ha seguido deteriorando a un ritmo alarmante. La mitad del país, especialmente las zonas rurales y con especial intensidad las regiones del norte, el sur y el este, está fuera del control del Estado y en ellas campan a sus anchas grupos armados que se dedican al robo, la extorsión, el secuestro de civiles y el cobro de impuestos. La crisis comenzó en 2015 primero como un contagio del yihadismo procedente de Malí y después mediante la emergencia de grupos terroristas locales. En estos siete años ha habido más de 7.000 muertos y unos dos millones de personas, el 10% de la población, han huido de sus hogares, según la agencia de la ONU para los refugiados (Acnur).

Esta asonada militar viene precedida también de la primera gran manifestación contra Damiba desde su llegada al poder en enero. La protesta se produjo este jueves en Bobo Dioulasso, la segunda ciudad del país, cuando colectivos de la sociedad civil organizaron una concentración a primera hora de la mañana para denunciar la “gestión caótica” en materia de seguridad y pedir la dimisión del presidente. Decenas de personas, muchas de ellas comerciantes especialmente dolidos por lo ocurrido en Gaskindé, decidieron cerrar sus negocios en una protesta que fue ganando amplitud con el paso de las horas. Las fuerzas del orden trataron de impedir la concentración.

Al igual que sucedió en Malí en los dos golpes de Estado sufridos en 2020 y 2021, que llevaron al poder al coronel Assimi Goïta, la sombra del sentimiento antifrancés y de la creciente influencia rusa que se extiende por el Sahel está presente en esta revuelta. Decenas de ciudadanos burkineses ya sacaron banderas rusas para celebrar el golpe en enero pasado y en la concentración de Bobo Dioulasso de este jueves representantes de la sociedad civil reclamaban un cambio de aliados en la lucha antiterrorista, siguiendo el ejemplo de Malí, que ordenó la expulsión de todos los militares francesas y desde finales de 2021 colabora con instructores y mercenarios rusos de la compañía privada Wagner.

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